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Una confesión de fe, a veces llamado hoy: LA PRIMERA CONFESIÓN DE FE DE LONDRES (BAUTISTA)
UNA CONFESIÓN DE FE Pero esto te confieso, que según el Camino que ellos llaman secta, así doy culto al Dios de mis padres, creyendo todas las cosas que están escritas en la ley y en los profetas; teniendo esperanza en Dios, la cual ellos mismos también abrigan, de que ha de haber resurrección de los muertos, tanto de justos como de injustos - Hechos 24:14,15 Segunda Edición Corregida y Ampliada UNA CONFESIÓN DE FE de siete congregaciones (iglesias) de Cristo en Londres comúnmente llamadas, de manera injustificada, Anabaptistas. Esta publicación procura vindicar la Verdad, instruir a quienes la desconocen y aclarar aquellas calumnias que tan a menudo les son lanzadas de manera injustificada tanto en la prensa como en los púlpitos. Impreso en Londres, en el año de nuestro Señor, 1646. Artículo 1 EL Señor nuestro Dios es Dios único, quien subsiste por sí mismo, cuya naturaleza nadie puede comprender sino sólo él, quien solo tiene inmortalidad, morando en luz a la cual nadie se puede acercar. El es en sí santísimo; infinito en grandeza, sabiduría, poder y amor; es misericordioso y magnánimo, paciente así como abundante en bondad y verdad; él da vida, vigor y preserva a todas sus criaturas. Artículo 2 EN este Ser infinito y divino se halla el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo, cada uno teniendo plena Esencia divina sin que ésta quede dividida, siendo los tres infinitos y sin principio, por lo que hay un solo Dios quien no ha de dividirse en su naturaleza y Ser sino, mas bien, distinguirse por sus varios atributos particulares. Artículo 3 DIOS decretó en sí mismo -antes de que el mundo existiera- todas las cosas, sean las necesarias, accidentales o voluntarias, con todas sus circunstancias para así obrar, disponer y ejecutar todas las cosas según el consejo de su propia voluntad para su propia gloria (mas, sin ser autor responsable del pecado ni participante del mismo). En ésto manifiesta su sabiduría en la disposición de todas las cosas, su inmutabilidad, poder y fidelidad para efectuar su decreto. Desde antes de la fundación del mundo, Dios predestinó a unos hombres a vida eterna por medio de Jesucristo para la alabanza y la gloria de su gracia, (predestinado y) dejando a los demás en su pecado para su justa condenación, para la alabanza de su justicia. Artículo 4 EN el principio Dios hizo todas las cosas muy buenas; creó al hombre según su propia imagen, lleno de toda la perfección de la naturaleza y libre de todo pecado. Mas, el hombre no permaneció mucho tiempo en tal estado honroso. Satán, usando la sutileza de la serpiente, sedujo primero a Eva y, luego, a través de ella también a Adán, quien, sin ser obligado a ello, desobedeció el mandamiento de Dios, comió del fruto prohibido y cayó, así trayendo la muerte sobre toda su descendencia, los que ahora son concebidos en pecado; son, por naturaleza, hijos de ira, siervos del pecado, sujetos a la muerte y tantas otras adversidades en este mundo a no ser que el Señor Jesucristo los liberte. Artículo 5 DIOS, en su infinito poder y sabiduría, dispone todas las cosas para el fin para el cual fueron creadas. Así, ni el bien ni el mal sobreviene a persona alguna por mera casualidad o aparte de la providencia divina; todo lo que sobreviene a los elegidos es por su designio, para su gloria y el bien de ellos. Artículo 6 YA que todos los elegidos son amados de Dios con amor eterno, son, por lo tanto, redimidos, vivificados y salvados no por sí mismos ni por sus obras -de tal manera que ninguno se jacte- sino sola y enteramente por la gracia libre y misericordia de Dios por medio de Jesucristo, quien nos es hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación, redención y el "todo en todo" para que "el que se gloría, gloríese en el Señor". Artículo 7 Y esta es la vida eterna, que conozcamos al único y verdadero Dios y a Jesucristo, a quién él envió. Por el contrario, el Señor habrá de traer venganza en fuego consumidor a aquellos que no conocen a Dios ni obedecen el evangelio de Jesucristo. Artículo 8 LA regla del conocimiento, fe y obediencia tocante a la adoración a Dios, en la que está encerrada todo el deber del hombre, es (no las leyes humanas, ni tradiciones no escritas) sólo la Palabra de Dios contenida (a saber, escrita) en las sagradas Escrituras. En ella se halla claramente escrito todo lo que nos es necesario conocer, creer y practicar, lo cual es la única regla de santidad y obediencia que todos los santos, en todo tiempo y lugar, han de obedecer. Artículo 9 EL Señor Jesucristo, de quien Moisés y los profetas escribieron y los apóstoles predicaron, es el Hijo de Dios, el esplendor de su gloria a través de quien hizo el mundo; es él quien sustenta y gobierna todas las cosas que él ha creado. Una vez llegó el cumplimiento del tiempo, fue engendrado por una mujer de la tribu de Judá y de la simiente de Abraham y David, a saber, la virgen María. El Espíritu Santo vino sobre ella y la sombra del omnipotente la cubrió. También fue tentado según nosotros, mas, sin pecado. Artículo 10 JESUCRISTO fue hecho Mediador del nuevo y eterno pacto de gracia entre Dios y los hombres, siendo así plenamente y perfecto Profeta, Sacerdote y Rey de la iglesia de Dios para siempre. Artículo 11 JESUCRISTO fue designado por Dios a este oficio desde la eternidad; en lo que a su humanidad respecta, fue llamado desde el vientre, separado y ungido plena y abundantemente con todos aquellos dones necesarios, habiendo Dios Padre derramado sobre él, sin límite, su Espíritu Santo. Artículo 12 TOCANTE a su oficio como Mediador, la Escritura enseña que Cristo fue llamado a ese cargo, pues nadie asume de sí mismo tal honor sino que es llamado al él, así como Dios llamó a Aarón. Fue, pues, un acto de Dios ordenar -mediante promesa especial- a su Hijo a este cargo, siendo dicha promesa el que Cristo fuera hecho un sacrificio por el pecado, que viera su simiente, prolongara sus días y que la buena voluntad del Señor prosperara en su mano. Todo ésto fue hecho por la pura y absoluta gracia de Dios hacia sus elegidos, sin condición alguna en ellos que mereciese tal favor. Artículo 13 ESTE oficio de Mediador, a saber, el ser Profeta, Sacerdote y Rey de la iglesia de Dios, es tan particularmente propio a Jesucristo que ni en parte o en totalidad puede ser transferido de él a ningún otro. Artículo 14 ESTE oficio al cual Cristo ha sido llamado consiste, realmente, de tres oficios, a saber: Profeta, Sacerdote y Rey. Tal número y tal orden es necesario, pues, respecto a nuestra ignorancia, tenemos necesidad de su oficio profético; respecto a nuestra gran separación de Dios, necesitamos su oficio sacerdotal para que obre reconciliación para con Dios; y, respecto a nuestra separación de Dios e inhabilidad total de poder volvernos a él por nuestra propia fuerza, necesitamos su oficio real para que nos convenza, domine, acerque, levante y preserve para su reino celestial. Artículo 15 EL oficio profético de Cristo es aquel mediante el cual ha revelado la voluntad de Dios, a saber, todo aquello que sus siervos han de conocer y obedecer. Por tanto, no sólo es llamado Profeta, Maestro, Apóstol de nuestra profesión y Angel del pacto, sino también la misma sabiduría de Dios en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento, quien continuamente revela la verdad del evangelio a su pueblo. Artículo 16 CON tal de ser cabalmente Profeta, le fue necesario ser tanto Dios como hombre, pues, de no haber sido Dios, jamás habría conocido la voluntad de Dios Padre y, de no haber sido hombre, tampoco habría podido manifestar -en sí mismo- dicha voluntad a los hombres. Nota QUE Cristo sea Dios queda clara y maravillosamente declarado en las Escrituras. Se le llama Dios fuerte (Isaías 9:6); el Verbo era Dios (Juan 1:1); Cristo, quien es Dios sobre todos (Romanos 9:5); Dios manifestado en carne (1 Timoteo 3:16). Es verdadero Dios (1 Juan 5:20), el Principio (Apocalipsis 1:8), El da vida a todas las cosas, pues, sin él, nada fue hecho (Juan 1:2). Es quien perdona el pecado (Mateo 9:6); él es desde antes de Abraham (Juan 8:58). Fue, es y siempre será el mismo (Hebreos 13:8). Siempre estará con los suyos hasta el fin del mundo (Mateo 28:20), y lo que no podría decirse de Jesucristo si no fuera Dios: "Al hijo dice: tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo" (Hebreos 1:18; Juan 1:18). Artículo 17 EN lo que el sacercodio de Cristo respecta, habiéndose santificado a sí mismo, apareció una sola vez para deshacer el pecado ofreciéndose como el sacrificio por el pecado por medio del cual satisfizo y sufrió todo lo requerido por el Padre para así obrar la salvación de sus elegidos. Además, quitó todos los ritos y las sombras de lo por venir, habiendo entrado ya tras el velo al lugar santísimo, el cual es la misma presencia de Dios. También hace de su pueblo una casa espiritual, un sacerdocio santo para así ofrecer sacrificios espirituales aceptables, mediante él, al Padre. Por tanto, el Padre no acepta, ni Cristo ofrece ante el Padre ninguna otra adoración ni otros adoradores. Artículo 18 ESTE sacerdocio ni fue de tipo legal ni temporero, sino según el orden de Melchisedec, por lo que es estable y perfecto, no por un tiempo sino por la eternidad y, así, acorde a Cristo, quien vive para siempre. Cristo fue tanto Sacerdote, sacrificio y altar; fue Sacerdote a la par con sus dos naturalezas: fue sacrificio en lo que respecta su naturaleza humana, por lo que la Escritura habla de su cuerpo, su sangre. Sin embargo, la eficacia de su sacrificio dependió de su naturaleza divina por lo que se habla de sangre divina. Debido a su propia naturaleza, él fue el altar mismo ya que el altar santificaba lo que sobre sí se sacrificaba por lo que tenía mayor dignidad que el sacrificio ofrecido. Artículo 19 EN lo que a su oficio real respecta, habiendo ascendido de entre los muertos al cielo, y poseyendo todo poder en el cielo y en la tierra, Cristo reina espiritualmente sobre su iglesia y ejerce su poder sobre todo, ya sean ángeles como humanos, buenos y malos a fin de preservar y salvar a sus elegidos así como dominar y destruir a sus enemigos. Mediante este oficio real, él aplica a sus escogidos los beneficios, virtud y frutos de su profecía y sacerdocio, dominando los pecados de éstos y fortaleciéndoles en sus conflictos contra Satán, el mundo y la carne al guardar sus corazones en la fe y el temor filial mediante su Espíritu. A través de este soberano poder, él gobierna sobre los vasos de ira, usando, limitando y restringiéndolos según el beneplácito de su infinita sabiduría. Artículo 20 ESTE poder real de Cristo será manifestado de manera más completa cuando venga en gloria a reinar entre sus santos, ocasión en que todo poder y autoridad vendrá a ser estrado de sus pies de tal manera que la gloria del Padre sea perfectamente manifestada en su Hijo así como la gloria del Padre y del Hijo en todos sus miembros. Artículo 21 MEDIANTE su muerte, Cristo compró salvación para los elegidos que Dios Padre le entregó; sólo éstos tienen interés en él y mantienen comunión con él, toda vez que él intercede ante el Padre por ellos. Sólo a ellos Dios aplica esta redención mediante su Espíritu así como sólo a ellos -y a ningún otro- es otorgada la dádiva de vida eterna. Artículo 22 LA fe es un don de Dios, obrada en los corazones de los elegidos por el Espíritu de Dios. Mediante esta fe es que llegan a conocer y a creer la verdad de las Escrituras y su excelencia sobre todo otro escrito y objeto en el mundo, ya que exaltan la gloria y los atributos de Dios, la excelencia de la naturaleza y los oficios de Cristo así como el poder y la plenitud del Espíritu en todas sus obras y funciones; asidos de tal fe pueden confiar sus almas a las verdades así creídas. Artículo 23 AQUELLOS en quienes el Espíritu de Dios obra tan preciosa fe jamás se apartarán de manera total, final. Dado que, de su parte, los dones de Dios son sin arrepentimiento, él continúa engendrando y nutriéndoles en la fe, amor, arrepentimiento, gozo, esperanza y todos los frutos de gracia del Espíritu con miras a la inmortalidad. Y aunque tormentas y aguas azoten contra ellos, éstas jamás podrán sacarles de aquella roca y fundamento sobre la cual están anclados. Además, aunque falten en su fe y Satán los tiente tal que la luz y el amor del Señor sean opacados, Dios sigue siempre el mismo, guardándolos por su poder para alcanzar la salvación, gozando ellos, así, su posesión adquirida ya que están grabados en la mano de Dios, sus nombres estando escritos en el libro de la vida desde la eternidad. Artículo 24 LA fe es procreada sencillamente mediante la predicación del evangelio, o palabra de Cristo, aparte de cualquier poder o capacidad en la criatura. Siendo la criatura totalmente pasiva, además de muerta en sus delitos y pecados, cree y así es convertida nada menos que por el mismo poder que levantó a Cristo de los muertos. Artículo 25 LA predicación del evangelio con miras a la conversión de los pecadores es completamente gratis, y en nada requiere como obra absolutamente necesaria algún tipo de cualificación, preparación previa, los terrores de la ley ni un ministerio preparatorio de la ley sino sólo un alma desnuda, pecadora e impía que reciba al Cristo crucificado, muerto, sepultado y resucitado. Cristo es hecho, así, Príncipe y Salvador a tales pecadores que mediante el evangelio son traídos a creer en él. Artículo 26 EL mismo poder que obra la conversión a Cristo mediante la fe, conduce al alma a través de sus deberes, tentaciones, conflictos y sufrimientos, pues, todo lo que un creyente es, lo es por medio de la gracia, la misma que le asiste tanto en su obediencia como en sus tentaciones. Artículo 27 TODO creyente es unido a Dios mediante la obra de Cristo y, así, son hechos uno con Dios así como Dios uno con ellos. Todo creyente es hijo de Dios y heredero juntamente con Cristo, a quien pertenecen todas las promesas, no sólo en esta vida sino en la venidera. Artículo 28 AQUELLOS que han sido unidos a Cristo son justificados de todos sus pecados mediante la sangre de Cristo. Tal justificación es una plena absolución, por gracia, de todo el pecado del culpable pecador, obrada por Dios mediante la satisfacción que Cristo obró a favor del pecador en su muerte. La misma es aplicada de manera palpable mediante la fe. Artículo 29 EL conjunto total de todo los creyentes es un pueblo santo, santificado, siendo dicha santificación una gracia espiritual del nuevo pacto -producto del amor de Dios manifestado en el corazón- mediante la cual se ocupa el creyente en una obediencia evangélica, celestial a todo mandamiento que su Cabeza y Rey, Cristo, le ha prescrito en su nuevo pacto. Artículo 30 TODO creyente, mediante el conocimiento de esa justificación de vida dada por el Padre y obrada mediante la sangre de Cristo, posee, como su gran privilegio del nuevo pacto, paz para con Dios, reconciliación a través de la cual los que estaban lejos han sido hechos cercanos mediante esa sangre y aquella paz que sobrepuja todo entendimiento. Además, se goza en Dios mediante nuestro Señor Jesucristo, de quien hemos recibido la reconciliación. Artículo 31 TODO creyente está, durante su vida, en una constante guerra y lucha contra el pecado, su yo, el mundo así como el diablo, estando sujeto a todo tipo de aflicción, tribulación y persecución a los cuales ha sido predestinado y señalado. Todo cuanto poseen espiritualmente y gozan los santos en Dios es sólo por la fe, contrastado con aquellas cosas externas, temporales disfrutadas legalmente por quienes no poseen dicha fe. Artículo 32 LA única fortaleza mediante la cual los santos son capacitados para lidiar con toda oposición y prueba es el mismo Jesucristo, quien como Capitán de su salvación, fue perfeccionado por medio de sus sufrimientos. Él ha comprometido su fidelidad y fortaleza para asistirles en sus aflicciones, sostenerles en sus tentaciones y preservarles mediante su poder hasta que alcancen su reino eterno. Artículo 33 EL Señor Jesucristo tiene, aquí en la tierra, un reino espiritual, a saber: su iglesia, la cual ha comprado y redimido para sí mismo como una herencia especial. Esa iglesia consiste de una compañía de santos visibles, llamados y separados del mundo mediante la Palabra y el Espíritu de Dios de tal modo que profesen, visiblemente, la fe del evangelio, siendo bautizados en dicha fe, unidos así al Señor y el uno al otro mediante el mutuo acuerdo de disfrutar, juntos, las ordenanzas requeridas por Cristo, su Señor y Rey. Artículo 34 A esta iglesia él ha hecho sus promesas y dado señales de su pacto, presencia, aceptación, amor, bendición y protección. De aquí fluyen las fuentes y manantiales de sus gracias celestiales a fin de brindarles refrigerio y fortaleza. Artículo 35 TODOS sus siervos, llamados de sus particulares estados en la vida a ser siervos de su familia, han de reconocerle como Profeta, Sacerdote y Rey; también han de someter sus cuerpos, almas y dones Dios dados bajo la dirección de su gobierno celestial. Han de conducir sus vidas en ese redil amurallado, y huerto de buen riego, de tal manera que haya comunión entre los santos de Dios, siendo confirmado, así, que son partícipes de la herencia del reino de Dios. Artículo 36 ESTANDO así unidos los santos, cada iglesia local posee autoridad -dada a ellos por Cristo- para su propio bienestar, para escoger de entre sí quienes servirán como ancianos y diáconos, siendo éstos cualificados, según la Palabra, como aquellos que Cristo ha designado en su pacto para alimentar, gobernar, servir y edificar a su iglesia. Nadie tiene el poder como para imponer sobre cada iglesia ninguno de estos dones, ni cualquier otro. Artículo 37 LOS ministros llamados debidamente, según descrito arriba, han de continuar en su llamado y lugar según la ordenanza de Dios, alimentando con gran cuidado a las ovejas que Dios les ha entregado, no por ganancia deshonesta sino con corazón puro. Artículo 38 LOS ministros de Dios han de recibir de la iglesia todo lo que necesiten a fin de que, según la ordenanza de Cristo, los que predican el evangelio puedan, así, vivir del evangelio de acuerdo a la ley de Cristo. Artículo 39 EL bautismo es una ordenanza del Nuevo Testamento, dada por Cristo, y ha de ser efectuada en aquellos que profesen fe y que han sido, así, hechos discípulos. Habiendo profesado fe en Cristo, han de ser bautizados y, luego, participar de la Cena del Señor. Artículo 40 LA manera o modo para efectuar esta ordenanza es la inmersión del cuerpo bajo el agua. Siendo el bautismo una señal, ha de reflejar la verdad significada, a saber: aquella participación que tiene todo santo en la muerte, sepultura y resurrección de Cristo. Así, tal como el cuerpo es sepultado debajo del agua, también será levantado el cuerpo de los santos, por el poder de Cristo, el día de la resurrección, ocasión en que pasará a reinar con él. Artículo 41 DE acuerdo a las Escrituras, sólo se requiere de la persona que administra el bautismo que sea un discípulo. Jamás se vincula tal función a un oficio particular en la iglesia ni a alguien extraordinariamente comisionado a tal labor, habiéndose sólo contemplado la condición de discípulo, un hombre enviado a predicar el evangelio. Artículo 42 CRISTO también ha dado a su iglesia la autoridad para recibir y para separar de su seno a cualquier persona que así lo amerite. Tal autoridad es dada a toda congregación y no a personas en particular, ya sea miembro u oficial; guarda relación con el cuerpo entero, teniendo en vista su fe y comunión como iglesia. Artículo 43 CADA miembro individual en toda iglesia local, no importa cuán excelente, noble o educado, ha de estar sujeto a esta censura y juicio. Además, la iglesia no procederá contra sus miembros si no es con gran cuidado, ternura y advertencia adecuada, según la regla de fe. Artículo 44 A fin de preservar a su iglesia en santidad y en comunión ordenada, Cristo coloca ciertos hombres especiales sobre ella, quienes, de acuerdo a su oficio, han de gobernar, supervisar, visitar y auscultarla de tal manera que ejerzan buena y constante protección sobre ella. Además, ha dado la autoridad, así como la obligación, a todo miembro a fin de que tengan cuidado el uno sobre el otro. Artículo 45 AQUELLOS a quienes Dios ha dado dones dentro de la iglesia han de profetizar (instruir) según la medida de la fe, así como enseñar públicamente la Palabra de Dios para su edificación, exhortación y consuelo. Artículo 46 ASÍ, reunidos según acordado y, andando en obediencia al evangelio de Cristo, ninguno ha de ser separado por causa de faltas o corrupciones (mientras la iglesia consista de seres sujetados a sus debilidades y fracasos, habrá tales diferencias en la verdadera iglesia constituída) hasta tanto hayan logrado subsanar dicha conducta con ternura y de manera ordenada. Artículo 47 Y, aunque cada congregación particular sea un ente distinto y siendo, a la vez, muchos cuerpos, cada una, como ciudad compacta y bien formada en sí misma, ha de andar según la misma regla de la Verdad. De igual manera, y de ser necesario (y según el medio más conveniente), cada una ha de recibir ayuda y consejo la una de la otra como miembros del mismo cuerpo y por su común fe en Cristo, su Cabeza. Artículo 48 LA magistratura CIVIL es una ordenanza de Dios establecida para castigo a los malhechores y alabanza a quienes hacen el bien. En el Señor, le hemos de estar sujetados en toda ordenanza legal, legítima, no sólo por causa de ira sino por la consciencia. Hemos también de hacer súplica y oración a favor de los reyes y aquellos que ejercen autoridad para que, bajo ellos, podamos vivir en paz, santidad y honestidad. RECONOCEMOS que la suprema Magistratura* de este reino es el Rey y el Parlamento (actualmente establecidos), libremente escogidos por el reino, y que hemos de observar y defender todo Administrador Oficial así como las leyes civiles por ellos establecidas, las cuales son para el bien de la república. Reconocemos, con gratitud, que Dios ha honrado a este Rey y Parlamento por haber derrocado la jerarquía prelaticia, la que, con su tiranía y opresión sobre nosotros, hizo gemir a este reino durante mucho tiempo. Por ello siempre bendecimos a Dios y los honramos a ellos por su acción. Artículo 49 SI, por el contrario, no hallamos que el Magistrado (o autoridad gubernamental) nos favorezca así, no nos atreveremos detener nuestra práctica, pues, creemos que hemos de perseverar en la obediencia a Cristo, profesando la fe que una vez fue dada a los santos, la cual fe se declara en la santas Escrituras, siendo ella parte de nuestra confesión en la que testificamos la Verdad del Viejo y el Nuevo Testamento, aun hasta la muerte de ser ésta necesaria, en medio de toda prueba y aflicción tal como hicieron Sus santos del ayer. Artículo 50 ES legítimo que un cristiano ocupe el cargo de Oficial civil o Magistrado, así como es legítimo que tome juramento, siempre y cuando sea conforme a verdad, justicia y juicio, para confirmar la verdad y poner fin a la angustia. Mas, la ira y los juramentos vanos provocan al Señor y traen lamentos a esta tierra. Artículo 51 HEMOS de darle a todo hombre según le corresponde, ya sea según su posición, edad o estado. A nadie hemos de defraudar en cosa alguna sino hacer para con ellos según queremos que hagan para con nosotros. Artículo 52 HABRÁ una resurrección de los muertos, tanto de los justos como de los injustos; todos darán a Dios cuenta de sí de tal manera que cada uno reciba según hizo en su cuerpo, ya sea bueno o malo. En Conclusión DE esta manera deseamos dar a Cristo lo que le pertenece y a las autoridades legítimas lo que les corresponde, procurando así no deberle nada a nadie sino sólo amor. Deseamos vivir en quietud y paz, tal como conviene a santos, procurando en todo mantener una limpia consciencia y tratar a todo hombre (sin distinción de quién sea) según deseamos que hagan con nosotros a fin de que nuestra conducta demuestre que somos personas de consciencia (i.e., razonables), tranquilas e inofensivas (en ninguna manera peligrosas o molestosas a la sociedad humana).
Salmo 74:22, 21 En una nota explicativa, el hermano escribe: "Le advertimos que hemos procurado ser totalmente fieles a la presentación original de este documento -incluyendo las páginas titulares- con las siguientes excepciones, a saber: Hemos introducido varios detalles de ortografía tales como "puntos finales" donde el original consiste de larguísimas oraciones interrumpidas con muchos "punto y coma" [ ; ] con el fin de facilitar la lectura del texto. Además, hemos usado los nombres completos de los libros de la Biblia en vez de sus abreviaciones, así como combinado referencias bíblicas -dentro de cada inciso en particular- cuando hay más de una del mismo libro de la Biblia." |