10 - Estudio sobre el Espíritu Santo

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Capítulo 10:

LA OBRA PREPARATORIA

DEL ESPÍRITU EN LA SALVACIÓN

INTRODUCCIÓN

Normalmente hay una obra preparatoria antes de la regeneración que se produce en el corazón del pecador. Eso se espera porque la salvación es una obra moral así como una obra legal. A los que disfrutarán eternamente de los beneficios de la fe en Cristo, el Espíritu Santo les hace ver primeramente su necesidad de El. Para que el Salvador reciba toda la gloria en la salvación, debe ser quebrantado el espíritu egoísta del hombre que siempre se justifica.

Antes de comenzar este tema, tengamos cuidado de recordar que el Espíritu Santo es el agente soberano en la salvación. El trabaja como quiere, y la experiencia de uno no debe ser el patrón para los demás. Algunos pasan meses buscando la paz y la salvación, mientras que, a otros, el Espíritu Santo les hace sentir seguros luego (Hechos 8:26-39; 16:25-34). Algunos, como Pablo, encuentran al Señor aunque no lo buscaban (Romanos 10:20). A algunos, Dios les permite ver la profundidad de su depravación antes de encontrar la paz, mientras que otros son guiados al conocimiento pleno de su pecaminosidad hasta después de ser salvos. Regocijémonos que sólo Dios conoce nuestros corazones, y así sólo El conoce la mejor forma de tratar a cada uno de sus hijos.

Teniendo cuidado de guardar estas ideas en mente, estudiemos algunas de las obras preparatorias del Espíritu en la salvación.

I. EL DESPERTAR

Nadie puede sobreestimar el peligro en que se encuentran los hombres incrédulos (Juan 3:18; Hebreos 10:31), y aun la Biblia los describe como dormidos, ciegos, muertos e inconscientes. La muerte, el pecado, el juicio y la eternidad no parecen ser realidades para los no regenerados (Isaías 28:15). Los hombres duerman profundamente en el mero borde del abismo del infierno.

Al convencer al pecador de los riesgos, el Espíritu de Dios sella en su mente la realidad de la eternidad y del juicio. El pecador llega a ser consciente de su peligro ante la ira de Dios. Los asuntos espirituales ya se hacen importantes. Esto induce a que algunos sean salvos y otros adormecen por una profesión vacía de fe en la religión o por la influencia del mundo (Hechos 24:25).

II. LA ILUMINACIÓN

Aunque solamente los regenerados sean "renovados hasta el conocimiento pleno" (Colosenses 3:10) aun el incrédulo puede recibir un cierto grado de iluminación (Juan 1:9). Cuando un pecador está bajo la convicción, puede ser ignorante de la naturaleza de la fe, pero ve claramente el peligro del pecado y la seriedad de lo que es la eternidad. Por primera vez, su alma llega a ser importante para él. ¿No demuestra todo esto cierto grado de iluminación?

Es posible hacer que el hombre natural tema al infierno y se preocupe por su bienestar eterno. Esto, por supuesto, es diferente a la luz de la regeneración que habilita al hombre amar a Dios. Esta iluminación entonces es simplemente estimular la mente del hombre natural para ver el peligro del pecado y del juicio.

III. LA CONVICCIÓN

Mientras el "despertar" trata con respecto al peligro, la "convicción" es la obra de Dios por la cual se manifiesta la causa de nuestro peligro. En la convicción, un hombre es convencido y reprobado en cuanto a su condición pecaminosa. Sólo esto puede darle al pecador el deseo de conocer a Cristo.

  1. Las áreas de la convicción
    En Juan 16:8-11, encontramos tres áreas en que el hombre es convencido.
    1. Del pecado - Dios convence al hombre de pecados grandes que ha cometido (Hechos 2:36-37), del pecado original, del fracaso en sus deberes y del pecado de la incredulidad.
    2. De justicia - El hombre está convencido de la justicia de Cristo, y de su necesidad de justicia (Mateo 5:6).
    3. Del juicio venidero - El juicio a menudo tiene referencia a la soberanía. El hombre está convencido de que así como Satanás será derrotado, Cristo es el rey venidero y la resistencia es insensatez. Los poderes de la maldad no tienen ninguna oportunidad de victoria, y últimamente todos aparecerán ante Dios en el juicio.
  2. La necesidad de la convicción
    1. La convicción entonces prepara el alma para la fe en Cristo. Sin la convicción, el hombre no estaría dispuesto a admitir su contaminación total, ni vendría a Cristo como mendigo necesitado. "Cristo es el todo" (Colosenses 3:11) en salvación, y Dios quiere que los redimidos entiendan esto.
    2. La convicción prepara al hombre para el arrepentimiento. La tristeza que es según Dios (2 Corintios 7:10) produce al arrepentimiento, lo cual es un cambio permanente del corazón y la mente en cuanto al pecado.
  3. Los medios de la convicción
    La convicción es una obra del Espíritu de Dios, y Él se complace usar ciertas verdades en esta obra. Como Él a veces usa la verdad de la ira de Dios para alertar a los pecadores, así en la convicción Él usa lo siguiente:
    1. La ley (Romanos 3:19-20; 7:7-13) - Los hombres normalmente se comparan y juzgan entre ellos, pero en la convicción, vemos que la gloria de Dios es la meta que no alcanzamos (Romanos 3:23).
    2. La bondad de Dios (Romanos 2:4) - Muchos testifican que fueron convencidos de sus pecados al contemplar la bondad de Dios para con ellos.
  4. Las señales de la convicción verdadera
    1. La convicción verdadera causa al hombre aceptar su culpa (Salmos 51:4, Lucas 18:9-14).
    2. La convicción verdadera destruye el egoísmo y deseo de justificarse (Lucas 18:9-14, Isaías 64:6).
    3. La convicción verdadera ve el pecado como algo contra Dios (Salmos 51:4, Lucas 15:18).
    4. La convicción verdadera nos guía a Cristo, y no a la desesperación mundana (2 Corintios 7:10).

Puede ser que la convicción no sea una obra agradable, pero es necesaria. Vernos como somos es un requisito previo para ver a Cristo. En las primeras cuatro bienaventuranzas (Mateo 5:3-6), nuestro Señor explica que solamente aquellos que han experimentado la convicción son bendecidos en forma verdadera.

IV. EL DESEO DE BUSCAR A DIOS

Antes que un alma sea salva, el Espíritu Santo producirá con frecuencia en la persona el deseo de orar y oír la Palabra de Dios.

CONCLUSIÓN DEL CAPÍTULO 10

Esperamos que cada estudiante de la Palabra de Dios pueda ahora ver claramente que el propósito de la obra preparatoria del Espíritu en la salvación, es para preparar al pecador a que aprecie al Señor Jesucristo. Cada obra del Espíritu guía al pecador más cerca de la comprensión de que sólo la fe en Cristo puede salvar el alma.


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