14 - Estudio sobre el Espíritu Santo

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Capítulo 14:

EL CONSOLADOR

INTRODUCCIÓN

En la Cena del Señor, Cristo habló de su traición, muerte y próxima partida. Aunque Cristo había enseñado a sus apóstoles de esto por algún tiempo (Mateo 16:16-21), hasta entonces ellos comprendieron la realidad de su predicción. El pensamiento de vivir sin Jesús en medio de ellos los desanimó. Mientras Cristo siguió hablando de persecuciones venideras (Juan 16:1-4) sus corazones estaban llenos de tristeza (Juan 16:6).

Los apóstoles siempre esperaban enfrentarse con muchos problemas y persecuciones; sin embargo, se sintieron seguros con la presencia de Cristo. Nuestro Salvador había calmado cada tormenta, dio de comer a la multitud cuando estaban desamparados y echó fuera a los demonios cuando los discípulos no podían. El había sido su Guía infalible y su Maestro. Ahora se sentían como huérfanos desamparados. Para aliviarles la tristeza profunda de su pronta partida, nuestro Señor les habló de las palabras consoladoras de Juan, capítulos 14-16. Fue en este tiempo que les dio la promesa de otro Consolador (Juan 16:7).

Para los cristianos de hoy que nunca han conocido a Cristo según la carne (2 Corintios 5:16), los temores de los apóstoles parecen ser debilidades. Tenemos la tendencia de olvidar que toda nuestra fuerza y dirección proviene del Espíritu de Dios que mora en nosotros. En esta lección queremos ahondar en la obra del Espíritu como nuestro Consolador. Esta obra fue tan maravillosa que era conveniente que Cristo se fuese para que enviara al Espíritu Consolador (Juan 16:7).

I. ¿QUÉ ES EL CONSUELO?

Estar consolado es una experiencia agradable, la cual implica la presencia de un problema. Este mundo es un lugar de tribulación, persecución y lágrimas para el hijo de Dios. Antes de la partida de Cristo, El les aseguró a los apóstoles que las aflicciones serían parte de sus vidas (Juan 16:1-4).

El hijo de Dios no debe por consiguiente esperar escaparse de las aflicciones, sino más bien buscar el consuelo durante sus pruebas.

II. LA NECESIDAD DEL CONSUELO

El cristiano que pasa la vida como si fuera huérfano desamparado está viviendo ciertamente sin tomar en cuenta sus privilegios. La intención de Dios para con sus hijos es que tengan consuelo y gozo en este mundo (Juan 14:27; Juan 16:33; Romanos 14:17; Juan 14:18). A un cristiano descontento, le falta le fe (Romanos 15:13) y es de mal testimonio. El gozo del Señor es nuestra fortaleza y la clave del éxito en el servicio a Dios (Nehemías 8:10; Salmo 51:12-13).

Nota: Se debe mencionar que el gozo del cristiano no excluye un grado de pesar por el pecado interior y un anhelo para algo mejor en el cielo. Recibimos consuelo en nuestras aflicciones y podemos regocijarnos en las pruebas (Santiago 1:2).

III. EL CONSOLADOR

La palabra griega por consolador es "parakletos" que significa "llamado al lado de uno; en ayuda de uno". El Espíritu Santo como Consolador es nuestro ayudador, consejero y abogado.

En 1 Juan 2:1, se menciona a Cristo como nuestro "parakletos" (abogado). En Juan 14:16, Cristo dijo que enviaría "otro" Consolador. La palabra griega por "otro" es "allos" que significa "otro de la misma clase". El Espíritu Santo es entonces (como Cristo) una persona Divina quien nos cuida en la ausencia física de Cristo. Siendo omnisciente, El puede enseñarnos la voluntad de Dios. Siendo omnipotente, El nos sostiene en el mundo (1 Juan 4:4). Nos ama de la misma manera que Cristo y mantiene comunión con nosotros (Romanos 15:30, 2 Corintios 13:14).

IV. COMO CONSUELA EL ESPÍRITU SANTO A LOS CREYENTES

  1. El Espíritu enseña a los cristianos.
    Cristo enseñaba a sus apóstoles constantemente durante su ministerio terrenal, pero en su partida ellos todavía tenían mucho que aprender. El entonces les prometió enviar "otro Consolador" quien continuaría enseñándoles (Juan 14:26; Juan 16:13-14). En este sentido el Espíritu Santo se llama el "Espíritu de verdad" (Juan 14:17). El Espíritu aun iba a darles las palabras necesarias cuando fueran llamados ante los tribunales (Mateo 10:17-20). En los tiempos apostólicos, El enseñó por medio de la revelación y la iluminación; desde que fue terminado el Nuevo Testamento, su obra se limita a la iluminación.
  2. El Espíritu intercede por los cristianos.
    1. En Romanos 8:26-27, encontramos que el Espíritu Santo intercede por nosotros y nos ayuda según la voluntad de Dios en nuestras oraciones.
    2. Esto no debe ser confundido con la obra intercesora de Cristo quien solo es nuestro abogado (griego: "parakletos") con el Padre (1 Juan 2:1). Basada en la obra redentora de Cristo ya terminada, El intercede por nosotros ante del Padre. El Espíritu Santo, sin embargo, intercede de nuestra parte indirectamente, enseñándonos como orar. Se compara su obra con el trabajo de un abogado que instruye a su cliente acerca de lo que debería decir en la corte. En esto es interesante notar que la palabra "parakletos" tiene una connotación legal y es traducido "abogado" en 1 Juan 2:1. Es bueno saber que cuando nos arrodillamos en la oración tenemos a alguien que nos guía y que conoce la voluntad de Dios y puede dirigirnos en nuestros deseos y peticiones (Romanos 8:27; Zacarías 12:10; Efesios 6:18).
    3. Nota: El autor no puede menos que reflejar el hecho de que nuestro Señor enseñó a sus discípulos a orar durante sus días en la tierra. El Espíritu Santo es verdaderamente "otro Consolador" de la misma clase.
  3. El Espíritu sella a los cristianos.
    En Efesios 4:30, encontramos que los creyentes son sellados con el Espíritu hasta el día de la redención. El hecho de que el Espíritu mora en nosotros y estará para siempre en los creyentes fue usado por Cristo como base fuerte de consolación (Juan 14:16-17). Estas Escrituras parecen contrastar la presencia permanente del Espíritu de Dios con la naturaleza temporal de la presencia física de Cristo.
  4. El Espíritu nos asegura a los cristianos que Dios nos ama.
    El Espíritu Santo consuela a su pueblo elegido al hacerles entender en sus corazones el amor que Dios tiene hacia ellos (Romanos 5:5). El Espíritu nos revela todo lo que Dio nos ha preparado (1 Corintios 2:9-10) como resultado de su amor.
  5. El Espíritu produce fe en los cristianos.
    El Espíritu Santo es el proveedor de toda fe y esperanza en el creyente. El produce las gracias que actúan como un ancla para nuestras almas (Romanos 15:13; Gálatas 5:22; Hebreos 6:17-19).
  6. El Espíritu produce gozo en los cristianos Romanos 14:17; Gálatas 5:22.
  7. El Espíritu santifica a los cristianos.
    El Espíritu Santo consuela al creyente por medio del fortalecimiento de sus gracias y le da victoria sobre el pecado. El Espíritu no permitirá que la obra iniciada en la regeneración sea superada o destruida por Satanás (Filipenses 1:6; Romanos 6:14).
  8. El Espíritu da poder al evangelio.
    El Espíritu Santo consuela al creyente al darle éxito en su obra de la Gran Comisión. No hemos sido dejados solos para hacer una tarea imposible, sino que somos dotados con poder celestial (Hechos 1:8 1 Pedro 1:12; 1 Tesalonicenses 1:5).
  9. El Espíritu equipa a la iglesia.
    El Espíritu Santo es un consuelo y una ayuda al pueblo de Dios al poner en las iglesias los dones que son necesarios para la edificación (1 Corintios 12:1-31; Efesios 4:11-12). La próxima vez que seamos bendecidos por el ministerio de otro creyente, debemos recordar quién le habilitó a aquella persona para que fuera una bendición.

CONCLUSIÓN DEL CAPÍTULO 14

Solamente el Salvador habló del Espíritu Santo como nuestro "Consolador", y esto apenas hacía algunas horas antes del Calvario. Para apreciar los beneficios que recibimos diariamente de nuestro Consolador y Abogado Celestial debemos meditar en los sentimientos de los apóstoles en aquella noche tan triste. Se sentían tan desamparados e infelices. ¿No es cierto que no estimemos debidamente la bendición que recibimos por causa de la venida del Espíritu Santo en el Día de Pentecostés?


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